El gran pez (Diálogo II)




“Ro­rai­ma, el mundo per­di­do” (Dis­co­very Chan­nel, 2006)


De un in­ter­cam­bio de mails con M:

7 de marzo de 2007

Z: –El frag­men­to de zoo­lo­gía cris­tia­na que te mando lo re­cor­té de un do­cu­men­tal ama­ri­llis­ta de dos horas que pasan por Dis­co­very, ti­tu­la­do “Ro­rai­ma: el mundo per­di­do”. La “zona” a la que se re­fie­re el lo­cu­tor en off (en una de las con­se­cu­ti­vas más ines­pe­ra­das que oí en mi vida) está ca­mino a Ro­rai­ma, que es una enor­me me­se­ta en la fron­te­ra entre Ve­ne­zue­la, Bra­sil y las Gu­ya­nas.

10 de marzo de 2007

M: –Sólo hizo falta un poco de ne­ce­si­dad (y de ham­bre) para poder re­fu­tar el re­frán que dice “el há­bi­to no hace al cura”, o algo así. Esta vez, la afi­ción a las plan­tas acuá­ti­cas de este pobre roe­dor lo ter­mi­nó con­vir­tien­do en un (muy ex­tra­ño, por cier­to) pez. Nunca falta uno que se apro­ve­che de las ma­nías de los otros. Ahora, no puedo dejar de de­cir­te que cuan­do mi mamá entró es­ta­ba en la pan­ta­lla la ca­ri­ta de este roe­dor. Lo vio y dijo algo como: “¿Qué es eso? ¿Un perro? Aaaah.. no, no. ¡¡Un mono!!”. Media hora de risas es poco decir.

15 de marzo de 2007

Z: –Es cier­to lo que decís: el caso del car­pin­cho/ca­pi­ba­ra re­fu­ta el re­frán del há­bi­to y el cura y con­fir­ma ese que dice que uno es lo que come (al revés del ca­ní­bal, que come lo que es). Y si mis no­cio­nes de ca­to­li­cis­mo no están erra­das, algo de eso hay jus­ta­men­te en la cua­res­ma, donde un cura y su há­bi­to re­me­dan la úl­ti­ma cena y dan de comer la carne de Cris­to para que sea­mos lo que co­me­mos (¿es­ta­ré mez­clan­do li­tur­gias?). Al pobre ca­pi­ba­ra la Igle­sia, que no se dejó in­ti­mi­dar por el tí­tu­lo de “Roe­dor Más Gran­de del Mundo”, lo con­vir­tió en pez para no de­jar­lo de ser­vir en la mesa ni si­quie­ra cua­tro días al año; tu mamá se portó mejor con él: pri­me­ro lo hizo mas­co­ta y des­pués lo hizo primo del homo sa­piens. Po­de­mos dudar de su iden­ti­dad, pero esas mis­mas dudas nos dicen cuál es su vo­ca­ción: en la ba­ra­ja zoo­ló­gi­ca, el ca­pi­ba­ra la va de co­mo­dín; el que lo saque puede hacer juego como quie­ra.


Aguan­ta­me un di­va­gue más. ¿Qué tiene que ver la me­ta­mor­fo­sis del ca­pi­ba­ra con la me­ta­mor­fo­sis de los tem­plos an­ti­guos de Aber­deen que ves en las fotos? Un puen­te entre las dos es­ce­nas (una idea, por muy tonta que sea) puede ser este: por mucha glo­ba­li­za­ción que nos achi­que, el mundo to­da­vía es un lugar lo su­fi­cien­te­men­te gran­de como para que al mismo tiem­po una ins­ti­tu­ción con­ser­ve tanto poder en un lado (Ve­ne­zue­la, por ejem­plo) y tan poco en otro (Es­co­cia, por ejem­plo).

19 de marzo de 2007

M: –El pro­ble­ma del ca­pi­ba­ra, como el de los tem­plos, es una cues­tión de pers­pec­ti­va. Dos imá­ge­nes de un mismo hecho que se pre­sen­tan como es­pe­jos bo­rro­sos, que dis­tor­sio­nan las iden­ti­da­des. Lo ge­nial es que el ca­pi­ba­ra pueda ser tanto roe­dor como pez, sin dejar de ser ca­pi­ba­ra, y que los tem­plos si­mul­tá­nea­men­te ten­gan y no ten­gan poder. En una ora­ción que gana más por lo iló­gi­co, o la con­tra­dic­ción (la pa­ra­do­ja tam­bién pre­sen­te, por qué no), la pers­pec­ti­va es lo que de­fi­ne para uno u otro lado. Es como una orien­ta­ción de la di­ver­si­dad o, mejor, una li­mi­ta­ción.

Ahora, si le damos paso al eso­te­ris­mo, po­dría­mos pen­sar en la carga de una vida an­ti­gua. Capaz que, in illo tem­po­re, el pobre ca­pi­ba­ra fue real­men­te un pez y esa otra iden­ti­dad le pesa hoy en su in­ten­to de evo­lu­cio­nar (o in­vo­lu­cio­nar, según de dónde lo mi­re­mos, o de lo bien que se haya por­ta­do (?)) en roe­dor. La Igle­sia, al no ser muy par­ti­da­ria de la re­en­car­na­ción (ni ha­blar de evo­lu­ción), es­ta­ría ha­cien­do su mayor es­fuer­zo en man­te­ner­lo como pez, cosa de que la gente no em­pie­ce a dudar. Y de paso se lo mor­fan.

31 de marzo de 2007

Z: –No puedo qui­tar­me la ima­gen de la Igle­sia ha­cien­do es­fuer­zos por ocul­tar la evo­lu­ción del ca­pi­ba­ra. Ejer­cer el con­ser­va­do­ris­mo a es­ca­la de los avan­ces de la cien­cia o la se­cu­la­ri­za­ción de la vida so­cial ya es mucho; pero ejer­cer­lo a es­ca­la de la re­en­car­na­ción de toda una es­pe­cie o de su evo­lu­ción, ya es todo un re­cord o una so­bre­ac­tua­ción (como que la es­ca­la dura más de lo que con ella se mide). ¿Qué menos se podía es­pe­rar de una ins­ti­tu­ción que tiene el poder de hacer pasar una ex­cep­ción en sus re­glas (en cua­res­ma sólo se puede comer pes­ca­do) como una ex­cep­ción en la na­tu­ra­le­za (el roe­dor más gran­de del mundo es un pez)? A mayor poder –o im­pu­ni­dad–, menor ne­ce­si­dad de su­ti­le­za: los de poco poder cam­bian gato por lie­bre; los de mucho, ca­pi­ba­ra por pez.

Hay 5 comentarios:

desparejo
1 22 de agosto de 2009, 13:14

Pobre carpincho ‘e Roraima
de todos el más masticau
que por culpa ‘e la cuaresma
te bautizaron pescau


el Zambullista
2 22 de agosto de 2009, 19:22

Pa' aprender de su epitafio
me encabalgo sobre el pez:
la culpa no 'e del carpincho, 'e
del que lo da de comer.


Dilettante
3 29 de noviembre de 2009, 19:32

genial idea zambullista me da para el menú de la próxima pascua.
y yo que las iba de tan buen católico...
¿sería mucho pedirle alguna sugerencia sobre la conveniente cocción de tamaño pez?


el Zambullista
5 13 de enero de 2011, 15:27

No me queda claro lo que dice el paréntesis del final de esta frase:
«Ejercer el conservadorismo a escala de los avances de la ciencia o la secularización de la vida social ya es mucho; pero ejercerlo a escala de la reencarnación de toda una especie o de su evolución, ya es todo un record o una sobreactuación (como que la escala dura más de lo que con ella se mide).»

Si me permitiese editarlo, hoy tal vez (mañana no sé) quedaría así:
«...(a los fines de una persuasión, una versión de la historia que se impone es una revocación –en las conciencias– de lo que ocurrió y esa versión dejó de lado)»