Escaladas



1




Una se­gui­di­lla de ame­na­zas (“pro­me­sas” de in­ten­sa in­fe­li­ci­dad, in­mi­nen­cias ca­tas­tró­fi­cas), es­ca­la­das en quin­ce días, exa­ge­ran tanto la no­ción del tiem­po trans­cu­rri­do como una se­gui­di­lla de igual fre­cuen­cia y den­si­dad pero de pro­me­sas de fe­li­ci­dad o pla­cer (“la in­mi­nen­cia de una re­ve­la­ción que no se pro­du­ce”, dice Bor­ges que es el arte, tal vez sin pres­tar aten­ción a lo ade­cua­do de la de­fi­ni­ción para el ero­tis­mo). Para de­cir­lo de otro modo y a otra es­ca­la: sal­van­do las dis­tan­cias y ob­vian­do las di­rec­cio­nes (opues­tas de tan di­ver­gen­tes), una ru­le­ta rusa puede di­la­tar tanto nues­tro re­gis­tro del tiem­po como un buen strip­tea­se. Lo an­ti­té­ti­co de unos ras­gos no quita lo si­mi­lar de los otros, aun­que la cruza entre la in­mi­nen­cia re­no­va­da del pe­li­gro y la del pla­cer luzca algo es­qui­zo­fré­ni­ca.

Al cabo de la quin­ce­na hay, ahí donde hay un des­can­so, una re­tros­pec­ti­va que se hace con la ex­pec­ta­ti­va de re­mon­tar­se a meses o in­clu­so años (según la den­si­dad de la serie: la fre­cuen­cia e in­ten­si­dad de sus hitos) y se com­ple­ta con la per­ple­ji­dad y el asom­bro (pausa y pri­me­ra reac­ción) de haber re­co­rri­do ape­nas quin­ce días del ca­len­da­rio, que en la cons­truc­ción dis­tan­te de un edi­fi­cio ape­nas se nota.

2

Fu­tu­ra­ma, “El agui­jón”.

Por su­pues­to, no es lo mismo es­pe­rar 15 días que re­cor­dar­los re­cién cum­pli­dos. La ve­lo­ci­dad del vuelo de las horas o los días de una si­tua­ción es pro­por­cio­nal a la in­ten­si­dad de nues­tros de­seos de per­ma­ne­cer ahí (ve­lo­ci­dad alta: “Se me pasó vo­lan­do; ¿ya ter­mi­na­mos?”) o de salir (baja: “Se me hizo de goma; ¿to­da­vía se­gui­mos?”); de re­ci­bir o de evi­tar la con­ti­nua­ción de esa his­to­ria; de no aban­do­nar ni per­der el sueño o de des­per­tar de la pe­sa­di­lla.

Cuan­to más in­ten­sa es la pe­sa­di­lla, más tarde sen­ti­re­mos que sa­li­mos de ella. Una in­ten­si­dad igual pero pla­cen­te­ra ha­bría hecho que los 15 años de una ago­nía le pa­re­cie­ran a Fry 15 se­gun­dos (si pue­den com­bi­nar­se así, no debe haber peor desen­la­ce de un pla­cer ni mejor con­ti­nua­ción de una ago­nía). En todo caso, no sería una exa­ge­ra­ción mayor que la otra, ade­más de pre­fe­ri­ble.

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